¡Para gustos, los gazpachos!

Pasar de los 30 grados de temperatura es sinónimo de piscina, playa, cerveza fría, terraza y gazpacho fresquito para comer… Qué placer el de saborear ese mágico brebaje que marida los productos básicos de la huerta en un mes de julio, con sus tomatitos, cebollas, ajos, pimientos verdes, pepinos, su miga de pan, jamón serrano..., aunque estos dos últimos ingredientes dependerán de la región en la que nos encontremos, porque si de algo se precia este plato es de contar con tantas variedades como herencias gastronómicas encontramos en nuestro país.

Por ejemplo, en Extremadura, el gazpacho adopta casi la textura de un puré, con abundante miga de pan, ajos, aceite, vinagre y una capa a base de picadillo de cebolla, tomate y pimientos.

En Murcia, por el contrario, notamos el sabor del orégano, que se convierte en un ingrediente protagonista dentro del caldo.

Y en Córdoba se elabora el gazpacho primigenio, el que no contenía tomate (pues este no fue añadido hasta el siglo XIX, surgiendo las variantes rojas que hoy conocemos). A este gazpacho blanco se le añaden huevos duros picados y almendras.

Por lo general, los gazpachos andaluces incorporan menos tomate, de ahí que su color sea casi rosa, mucho más suave, al igual que su textura, al encontrarse los ingredientes más depurados. Y todos ellos admiten una guarnición a base de trocitos finamente picados de tomate, pepino, pimiento, cebolla, jamón serrano o aceitunas. Lo ideal es separa cada uno de  estos ingredientes en cuencos diferenciados para que los comensales se sirvan al gusto.

Eso sí, lo que no falta en ninguno de ellos es el estupendo aceite de oliva que le da ese toque de sabor mediterráneo inconfundible (excepto una variedad de Almedinilla, Córdoba), así como la sal, el vinagre y el agua.

tomates y albahaca

Actualmente existen multitud de marcas que lo comercializan envasado, sin embargo, nada mejor que el gazpacho casero para aportar a nuestro cuerpo todos los nutrientes que encierra un tazón de este rico plato. Sólo necesitas unos buenos ingredientes y una batidora de varilla o de vaso  o un robot de cocina, en un plís podrás disfrutar con los tuyos de este refrescante plato.

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Pero no solo eso, además de todas sus variedades, el gazpacho ha dado lugar a diferentes versiones en modos “calientes” y “frío”. Entre los primeros, el galiano de La Mancha (gazpacho más propio del invierno que a menudo incorpora carne de caza –conejo y perdiz sobre todo- y tropezones de pan), y entre los segundos, el ajoblanco de Málaga y Granada (con almendras, ajos y uvas moscatel) y el salmorejo de Córdoba (sin apenas agua y con mucha miga), propios de Andalucía.

Dicen los entendidos en la materia que el gazpacho pertenece a esa rica herencia cultural que nos dejó la influencia árabe, en época del al-Ándalus, y que por esa razón, es en las Comunidades de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura donde el gazpacho se ha convertido en todo un símbolo, tan habitual en la mesa en época estival como una barra de pan.

Fuera como fuese, lo cierto es que no hay mejor plato que un buen gazpacho para acompañar nuestros segundos durante el verano. Es ligero, sano, nutritivo, fácil de preparar en casa y sobre todo, muy apetecible.

Post patrocidnado por MyWave electrodomésticos

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